
Este articulo de la portada de un peiodico de Madrid. Me parece importante sobre todo por que es una muestra más del gran problema actual y que se sigue generando con la adicción al juego.
DEL OTRO LADO DEL JUEGO
Jesús Ramos Brieva
Médico Adjunto del Servicio de Psiquiatría y médico encargado de la Unidad de Ludopatía del Hospital
Ramón y Cajal de Madrid; Profesor Asociado de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá de Henares
Jugar no es malo. Más aún, el juego interviene en el proceso de maduración y aprendizaje de muchos de los llamados animales superiores, humanos incluidos. Jugar nos permite aprender a respetar reglas, a tener en cuenta las habilidades del oponente, a poner a prueba las nuestras y a superarnos, en definitiva…Jugar nos permite pasar un buen rato, aprender e, incluso, madurar.
El problema surge cuando se deja intervenir el azar en el juego. Porque el azar trastoca todos los elementos positivos que tiene aquél, al transformarnos en sujetos pasivos. En los juegos de azar, nuestras habilidades apenas entran en juego, la animada charla con nuestros oponentes apenas se da, jugamos solos, y sólo cabe esperar pasivamente a que nos venga un premio (a través de una combinación de cartas, de dados, de figuras en una máquina, o de números en cualquier tipo de lotería) como el penitente espera los favores del cielo. Naturalmente, siempre que las leyes de probabilidades estén dormidas y la combinación esperada encuentre un hueco para llegar a nosotros.
Pues lo que no saben los jugadores, o prefieren ignorar, es que las leyes de probabilidades que rigen los juegos de azar siempre están en contra del jugador; o, lo que es lo mismo, a favor de la banca o entidad organizadora del juego. A pesar de todo, los juegos de azar pueden conseguir que pasemos buenos momentos en la espera ilusionada del premio.
Y sólo por eso, le son útiles a la población general. Aunque más útiles son para el Estado que obtiene pingües beneficios por este motivo, contemplados en los Presupuestos Generales, sin necesidad de aumentar los impuestos, y para las asociaciones organizadoras.
Pero los juegos de azar tienen su lado tenebroso. Lo conocemos con el nombre de ludopatía. La ludopatía, o juego patológico, es una adicción a los juegos de azar. Y como tal adicción, el sujeto no puede dejar de jugar aunque esté arruinando su vida y su hacienda con tal de obtener un exiguo premio que, invariablemente, pierde en otro juego de azar diferente en ese mismo momento o al siguiente. Su “necesidad” de jugar y de recuperar lo perdido se hace tan intensa, que poco a poco ocupa todo su tiempo libre, gran parte de su tiempo laboral, y prácticamente todo su tiempo social y familiar. El ludópata arruina su vida, literalmente, en más de una acepción de esa
palabra.
Por lo que sabemos hasta hoy, la ludopatía, como toda adicción, no se cura (como no se curan el alcoholismo, la heroinomanía, o la adicción a cualquier otra sustancia). El ludópata lo es para siempre. Nunca tendrá frente al juego la misma libertad que cualquier jugador social para echar unas manos y marcharse, gane o pierda. A lo más que se puede aspirar es a controlar la situación manteniéndose permanentemente alejado del juego. Cualquier apuesta, cualquier moneda tirada en el interior de las máquinas recreativas tipo “B” (tragaperras), cualquier cartón en el bingo, cualquier juego de casino hará recaer al ludópata aunque lleve años abstinente.
La ludopatía es un problema serio porque arruina la vida personal del adicto a los juegos de azar, porque le deja con enormes deudas que no siempre puede pagar, le empuja a distraer cantidades ajenas con la intención de restituirlas cuando gane en el juego… y termina sin trabajo y en la cárcel por hurto.
Lo importante en la ludopatía no es la cantidad jugada, sino que se juegue todo el dinero disponible (y más) y sólo se pueda parar de jugar cuando este se termina o cierran el local, no por iniciativa del sujeto. Esta es una diferencia esencial respecto
al jugador social, que limita siempre las cantidades a exponer.
Pero es un problema serio porque afecta a un número muy importante de ciudadanos, lo que le convierte en un problema de salud pública. Y es un problema serio porque por cada ludópata hay al menos un familiar que también sufre las consecuencias
económicas y emocionales de la adicción. Lo saben bien quien lo ha vivido o esta viviéndolo. Nada más tienes que ponerte un momento en las vivencias de esas relaciones.
La ludopatía se convierte así, además, en un problema de tipo social. Los datos existentes al respecto señalan que existe un 2% de la población adulta y adolescente directamente afectados por la ludopatía. A lo que hay que añadir un 3% más de jugadores problemas. Es decir, sujetos que tienen el mismo comportamiento en el juego que los ludópatas pero que aún no cumplen el factor tiempo necesario para establecer el diagnóstico. Se ignora la cantidad de estas personas que terminan siendo ludópatas, pero sus riesgos son muchos.
La ludopatía afecta a todas las edades, a todos los estamentos sociales, a ricos y a pobres, a hombres y mujeres. Aunque las estadísticas refieren que existe una mujer ludópata por cada dos hombres, se sospecha que las cifras se encuentren más igualadas, pues se sabe de la clandestinidad con la que las mujeres sufren esta adicción. Un secreto similar al que acontece con el alcoholismo femenino. A pesar de que las mujeres son más frecuentadoras de los servicios sanitarios que los hombres, las ludópatas apenas suponen entre el 20% y el 30% de las consultas por juego patológico. Pero no sólo acuden menos al médico, las mujeres ludópatas, además, se adhieren menos que los hombres a los programas de rehabilitación. Las mujeres apenas representan un 15% de los asistentes a nuestros grupos de rehabilitación.